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BASURA ESPACIAL


David Castillo, presidente de ASTRONIC, explicando a la prensa qué es la 'basura espacial' abrió la posibilidad de que el cráter descubierto cerca del aeropuerto internacional Sandino de Managua, de unos 12 metros de diámetro, fue causado por 'algo que cayó del cielo' no precisamente un meteorito.

Aunque no avaló ciento por ciento la tesis de que una 'basura espacial' cayó en el sitio el pasado seis de septiembre, porque no tiene evidencias, Castillo dejó abierta la posibilidad para que el gobierno y sus especialistas puedan abrir un abanico de opciones al que hasta ahora han negado.

El astrónomo se limitó a dar una amplia explicación del tema y a admitir la posibilidad. 'Puede caer, como pasó en Perú y Uruguay', respondió a un periodista.

La basura espacial está constituida, fundamentalmente, por los restos de naves espaciales, satélites y bases orbitales que se precipitan a la tierra en cuya atmósfera chocan transformándose en miles de pedazos que se incineran en los niveles superiores, pero del que escapan cientos de partes.

'No está definido el lugar en que puede caer y no se pueden detectar porque son objetos pequeños', advirtió Castillo. La prensa insistió si esta era la explicación del cráter y el estruendo del pasado 6 pero su respuesta fue: 'No tengo información de si fue o no basura espacial'.

La primera basura provino del soviético Sputnik 1, en 1979 cayó el Skylab y en 2001 el ruso MIRV, explicó el astrónomo.

El astrónomo dijo que más de un mil satélites orbitan ahora mismo el planeta, todos los cuales van volviéndose obsoletos y caducando. 'No hay una legislación sobre este tema espacial, no hay a quien reclamar', agregó.

A este fenómeno de la tecnología humana se le denomina el Fenómeno o Síndrome Kessler. Sofisticados reportes señalan que la cantidad de basura espacial superó el límite crítico, transformándose en una avalancha de pequeños fragmentos que colisionan constantemente entre sí, multiplicándose rápidamente.

En febrero de 2009, dando la razón a las predicciones de los expertos, colisionaron en el espacio un antiguo satélite militar ruso denominado Kosmos-2251 y un satélite de comunicaciones estadounidense activo, clasificado como Iridium- 33. La colisión de ambos aparatos, produjo unos 2,000 fragmentos (verdaderos proyectiles en órbita).

Actualmente, se calcula que hay en órbita unos 16,000 escombros rastreados desde la Tierra con tamaños superiores a 10 centímetros y a lo menos, de medio millón de piezas cuyo tamaño varía entre uno y diez centímetros. Ni mencionar la cantidad de partículas menores, que podrían ser varios millones.

Todas estas estructuras, fragmentos y partículas, viajan a velocidades superiores a los 26.000 o 28.000 kilómetros por hora, por lo que su potencial destructivo es altísimo. Pequeños choques, han dejado huellas debidamente documentadas en naves y estaciones espaciales, revelando la extraordinaria fuerza destructiva de micro-impactos.

Según el consultor de la NASA, Donald J. Kessler, en el futuro cercano el volumen de basura espacial en la órbita baja terrestre (LEO) aumentará de forma considerable, y por ello, nuevos ingenios espaciales tendrán una mayor probabilidad de ser impactados por escombros. Tras cada colisión, se producirán más escombros, lo que aumentará el riesgo de nuevos choques, desarrollándose un verdadero círculo vicioso, 'un efecto dominó', proceso bautizado como 'Síndrome de Kessler'.

En consecuencia, el volumen de basura espacial en la órbita baja terrestre será tan alto que, se producirán colisiones frecuentes, creándose más basura y aumentando el número de impactos sobre otros objetos, produciéndose una cascada de colisiones.

Por ello, es imprescindible desarrollar un sistema viable que permita disminuir la presencia de escombros que giran alrededor de la Tierra, priorizando el desarrollo de un plan que entregue recursos para la gestión y la eliminación de los desechos.

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