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CENSURADOS RECUERDAN A GUILLERMO ROTHSCHUH


“El verdugo no tenía grado militar, era un intelectual muy apreciado y respetado”, así describe en uno de sus libros, el periodista Joaquín Absalón Pastora, al entonces jefe de la Dirección Nacional de Medios de Comunicación”, Guillermo Rothschuh Villanueva, quien ahora --a su juicio-- desea mostrarse como el “símbolo de la libertad de expresión”, cuando a principios de los 80 se le calificó de ser el primer censor de los medios de comunicación, en el primer gobierno sandinista.

Sin ninguna constatación de los hechos, Rothschuh Villanueva afirmó en el boletín Confidencial, días atrás, que la sección humorística dominical El Alacrán desapareció de El Nuevo Diario porque los dueños de este periódico censuraron al caricaturista Pedro Molina, declaraciones que periodistas con vasta experiencia le refutan, pues creen que una de las reglas elementales del periodismo para hacer una afirmación es constatar de primera fuente los hechos.

“El profesor Rothschuh” --como se le conoce en el mundo universitario--, “carga con un pasado que nunca ha querido reconocer”, aseguró el periodista radial Joaquín Absalón Pastora, pues primero se le vio como viceministro de Cultura a principios de los 80, para encontrársele, años después, como fundador de la Dirección Nacional de Medios de Comunicación, órgano del extinto Ministerio del Interior, que censuraba la información de los medios independientes como El Nuevo Diario, a quien hoy Rothschuh critica de censurar a Pedro Molina.

Joaquín Absalón Pastora, con más de 50 años de hacer radio, recuerda muy bien cuando en 1982 la firma de Rothschuh Villanueva apareció en un telegrama donde se le informaba que su Radioperiódico, llamado “El Momento”, que se transmitía en Radio Mundial, sería cerrado de forma definitiva, simplemente por el hecho de haber leído un cable de una agencia internacional donde relataba el éxodo de decenas de familias miskitas a las que el primer gobierno sandinista obligó a moverse de sus lugares a asentamientos ubicados en Sasha, Sumubila y Tasba Pri, para evitar que la contrarrevolución se instalara con su base social.

“Rothschuh no se acuerda de nada de lo que hizo en el pasado, y ahora quiere aparecer como un símbolo de la libertad de expresión y no quiere reconocer sus errores”, dijo Joaquín Absalón Pastora.

Rothschuh Villanueva es recordado también por periodistas y empresarios radiales como un feroz censor, que superó con creces al coronel de la extinta Guardia Nacional, Alberto Luna, creador del “Código Negro”.

Carlos Emilio Gadea Pantoja, Gerente General de Radio Corporación en los años 80, recuerda a Rothschuh Villanueva como el censor que vestido de militar censuraba hasta los libretos de los cuentos de “Pancho Madrigal”.

“Él” --Guillermo Rothschuh-- “venía a Radio Corporación todos los lunes vestido de militar exigiendo la entrega de los libretos de los cuentos de “Pancho Madrigal” que se grabarían esa semana, porque él decidía qué iba y qué no iba a ser publicado”, dijo Gadea Pantoja.

Lo incomprensible de la censura ejercida por el ex censor sobre los cuentos de “Pancho Madrigal”, es que se trataba de guiones escritos y publicados en 1956, que no fueron censurados por parte del régimen somocista, señaló Gadea Pantoja.

El ex presidente de la Asociación de Periodistas de Nicaragua, APN, Gustavo Bermúdez, recuerda que Rothschuh Villanueva dirigía un equipo de 20 censores, quienes revisaban de manera detallada todo lo que los medios hablados, escritos y televisados publicarían en sus ediciones.
“En ‘Pancho Madrigal’ había una sección de aviso que decía: “Hasta Rancho Grande le estamos comunicando a don fulano de tal que le tenga las bestias listas porque va a llegar don fulano”, entonces ellos censuraban porque creían que se codificaban mensajes para alimentar a la contrarrevolución”, dijo Bermúdez.

El periodista Ernesto Aburto, ex editor de El Nuevo Diario en la década de los 80, dijo que Rothschuh Villanueva seguramente tuvo su carné y su broche de militante sandinista, pues no a cualquier individuo de la dirigencia sandinista --a la que él actualmente critica-- le asignaba un cargo de confianza.

“A él le tocó fundar el servicio de censura cuando la guerra empezaba a ponerse recia (1982), y Tomás Borge le tenía mucho aprecio, y prácticamente lo metió al Ministerio del Interior y le encajó el uniforme, y entre otras tareas lo puso a diseñar esa oficina para controlar a los medios de comunicación en un ambiente de guerra”, recordó Aburto.

El ex editor de END recuerda que el censor Rothschuh Villanueva atrasaba la dirección del Diario, pues esperaban que él diera el visto bueno de la publicación del periódico. “A veces daba cólera porque quitaban cosas ridículas solo porque al censor no le gustaba”, dijo Aburto.

Julio César Armas, quien durante 10 años fue el corresponsal de la Voz de los Estados Unidos de América, VOA, en Nicaragua, y director de radioperiódicos locales, aseguró que Rothschuh fue un censor “severo” de la libertad de prensa.

Armas, quien hace tres años se retiró del ejercicio del periodismo, manifestó que fueron muchos los episodios de censura protagonizados por Guillermo Rothschuh como director de Medios de Comunicación del MINT.

El experimentado periodista no solo recuerda a Rothschuh como censor de los medios de comunicación en la década de los años 80, sino como el funcionario del MINT que les exigió a los periodistas asistir a los talleres sobre “Libertad de Expresión”, que eran para adoctrinar a los comunicadores de la época.

Julio Armas relató que la asistencia a esos talleres era requisito indispensable para poder recibir un carné de preafiliado a la Unión de Periodistas de Nicaragua, UPN, y ejercer el periodismo en Nicaragua, porque así lo exigía.

Guillermo Rothschuh Villanueva, luego de ser director de Medios del MINT, fue decano de la Facultad de Comunicación de la Universidad Centroamericana, UCA, hasta 2006, y ha escrito 27 libros, siendo el más polémico el titulado “Descifrando al Pato Donald”.

Mediante la lectura del referido libro, según el otrora censor de los medios de comunicación, los jóvenes de la época --años 80-- podían descifrar o detectar lo que él llamaba el “lenguaje imperialista” de los Estados Unidos.

La Dirección al mando de Rothschuh revisaba hasta los servicios sociales en los cuentos de “Pancho Madrigal”, en Radio Corporación, porque pensaba que en estos iban mensajes codificados para alimentar la contrarrevolución.

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